murillo DESDE TURIN

¡¡¡¡Bienvenidos a todos!!!! Este espacio pretende llegar a todas aquellas personas que apuestan por mi, que sienten curiosidad por saber lo que se siente viviendo "de nuevas" en otro país si nunca han tenido ocasión como yo hasta este momento de poder hacerlo, que quieran saber cómo estoy o simplemente que no tengan suficiente con la vida en directo que "Gran Hermano" ofrece para criticar a gusto. A todos, a vosotros... gracias por compartir mi experiencia

30 octubre, 2006

Capitulo Cinque... o como el lujo paso por mi vida. Principado de Monaco

Aquel día iba a ser un gran día. Al levantarme decidí buscar en mi armario mis mejores galas porque al fin y al cabo no todos los días se va a un nuevo país, se entra en uno de los casinos más famosos del mundo, se está a pocos metros de un príncipe de esos rodeado de los más lujosos coches que yo jamás había visto juntos reunidos... en definitiva no todos los días va uno a Mónaco. Saqué mis pantalones vaqueros, mi camisa a cuadros (la única que permanecía impoluta desde mi llegada a Italia), me limpié bien detrás de las orejas y me dispuse a dar lo mejor de mí.
En aquella ocasión éramos once intrépidos estudiantes los que tomamos aquel tren que nos llevaría a Ventimiglia para una vez allí tomar otro tren esta vez con destino al corazón de Mónaco: Montecarlo.
Cuando la megafonía del tren habló por voz de una joven francesa anunciando nuestra estación y nos asomamos por la ventanilla descubriendo un paisaje típico costero con pronunciados acantilados y un resplandeciente mar con el sol de fondo apenas nos dio tiempo a levantarnos y ya estábamos dentro de un largo túnel con cientos de luces halógenas que nos daban la bienvenida. Una moderna estación, muy distinta a las demás que yo había visto en Italia, limpia, apenas transitada, subterránea y con un gran ventanal en su planta superior que desde el primer momento en la ciudad permitía ya ver el mar, es el recuerdo que tengo de la llegada.
Una vez allí, tras conseguir unos planos de aquel pequeño principado nos dispusimos a caminar por sus impecables calles no manchadas por desperdicio alguno, perfectamente embaldosadas y que en ocasiones daban pena pisar. Los jardines, las jardineras y todos los tipos de vegetación estaban perfectamente cuidados hasta el mínimo detalle. No podía decirse que hubiera nada dejado a la improvisación.
Cuando habíamos caminado sólo un poco teníamos ya ante nosotros el casino, el famoso “Casino de Montecarlo” que contra todo pronóstico abrió sus puertas para dejarnos disfrutar de al menos una parte. Se trataba de una parte llena de máquinas de premio que creo yo tienen allí para calmar las ansias de los pobres mortales que como yo esperaban poder ver algo más pero que se contentan con poder echar una moneda en aquellas lujosas máquinas. Nos dispusimos a cambiar unos euros por aquellas doradas monedas con el grabado del edificio que eran válidas para invertir en aquel negocio seguro. Yo cambié cinco euros... al final del capítulo os diré cómo fue...
Toda nuestra estancia parecía estar desenvolviéndose en un gran parque temático (Port Aventura si habéis estado o algo así). Para salvar los desniveles había infinidad de túneles, ascensores y escaleras mecánicas públicas en cualquier parte de la ciudad que ayudaban a continuar nuestro recorrido. En todas las calles coches, de esos que parecen costar quizá más del dinero que yo seré capaz de gastar en mi vida, llamaban nuestra atención.
Quizá lo más inesperado de todo fue ver cómo de la puerta del palacio real salía una comitiva de lo que yo pienso serían personalidades o algo así cerrada por el hombre ese que sale en las revistas, si ese... al que le atribuyen hijos, homosexualidad y del que tienen la foto en todas la tiendas. A pocos metros de nosotros y tras una barrera de gente vestida con trajes oscuros y a los que daba miedo acercarse por cómo miraban estaba el Alberto ese que se hace llamar Alberto de Mónaco... si, como los colchones. En poco tiempo y como si de un cantante o actor de moda se tratara me encontré entre una multitud que aplaudía incesante a su paso... y lo que es aún peor... yo aplaudía como el que más (estaba muy disputado con una “maruja” de algún país nórdico creo, que rivalizaba conmigo mientras hinchaba sus mofletes gracias al bocadillo que engullía veloz). ¿qué hacía yo aplaudiendo a un personaje que sale en las revistas que tanto critico? Era como estar en una película donde yo era parte del decorado.
Paseamos por el puerto donde había atracados yates más grandes que muchos de los edificios que conozco y cuyo aspecto externo invitaba a imaginar un prometedor interior. En la bahía del puerto había una feria ambulante del tipo de las ferias carruseles de España de toda la vida, pero era raro... las patatas fritas con ese aceite típico de feria parecían tener allí más estilo pero el aceite era indudablemente el mismo (una fritanga importante).
El estadio de fútbol del Mónaco y la catedral, donde descansan los restos de Grace Kelly, formaron parte también de nuestra improvisada ruta que acabó sin saber muy bien a causa de qué en un regreso que se dilató dos horas más que la ida ya que el tren paraba en todas las paradas habidas y por haber (era como si al maquinista le diera un apretón cada cinco minutos y tuviera que ir al baño). Allí estaba yo... recordando mi visita a aquella tierra que destacaba más por su renombre, lujo y limpieza que por su arte. Ah... se me olvidaba... en mi bolsillo regresaron también diez euros porque yo si puedo decir la frase (versión para pobres) de ¡he ganado en el casino en Montecarlo!

23 octubre, 2006

Capítulo Quattro... o el agua que caía hacia arriba. Génova

Sólo unos días antes en mi viaje a los Alpes tuve claro como os conté que no es bueno viajar sin haber dormido antes. Pues bien, ahora pienso que sólo es peor que viajar sin haber dormido antes, el hacerlo habiendo dormido hora y media.
Salí de mi curso de italiano a las ocho de la tarde. Desde allí y de camino a mi casa pensaba además de en los nombres de los países en italiano (no sé yo si con el curso me soltaré a hablar italiano... pero voy a aprender una de geografía para contestar preguntas del trivial que ya veréis), en aquella noche en la que íbamos a celebrar como buenos erasmus el cumpleaños de nuestra amiga Esther, una “tinerfeña de pro” de la que os hablaré próximamente. Otra idea rondaba también por mi mente: mi próximo viaje, esta vez a la región de Liguria y en concreto a Génova.
Fue una noche muy animada donde gente italiana nos enseñó algunos nuevos lugares y dónde también conocimos a cuatro nuevos compañeros muy agradables llegados desde Valladolid, con ellos ya seremos aquí unos cien mil españoles calculo yo.
Al acabar la celebración decidimos ir a dormir un rato para estar frescos al día siguiente... ¡error! Menos mal que mi nueva afición por el “café marrocchino” (una mezcla de café y chocolate) lograron despertarme.


El tren nos llevó hasta el centro de Génova. Al despertar allí comprobamos cómo una lluvia desatada en algunos momentos y simplemente caladora en otros nos recibía. La expedición en este caso estaba formada por mis compañeras de piso y cuatro integrantes más (en proceso un capítulo de presentación de “erasmus por Italia”).
De cualquier forma el viaje empezó como a mí me gusta... regateando con los vendedores ilegales que abundaban en la puerta de la estación para conseguir unos paraguas que por supuesto no habíamos previsto llevar. Fue una dura negociación. Había dos grupos bien diferenciados de vendedores que luchaban por hacerse con nuestro gran contrato de compra de paraguas, valorado por nuestra parte en seis euros, tres paraguas. Era como un partido de fútbol Túnez – Nigeria. El marcador comenzó empatado a quince euros pero pronto el marcador se fue moviendo hasta que Túnez se llevó el partido al ser el primero en llegar a seis. Lo que no tengo muy claro es si después del “partido” no habría una revuelta entre los jugadores porque los ánimos quedaron encendidos. Tampoco conozco la procedencia de los artículos... pero en fin... ahí estábamos nosotros con nuestros paraguas multicolor.

Génova me pareció una ciudad muy tranquila y acogedora. Su centro histórico se forma con decenas de calles muy estrechas y curvadas que forman un ovillo que se resuelve otras calles más amplias y peatonales también como las primeras.En todas ellas se asientan gran cantidad de comercios y de puestos de intercambio, compra y venta de libros, discos de vinilo, dvd... dando lugar a una mezcla extraña donde la mente pasa de encontrarse inmersa en la Italia renacentista a la época más actual con los más llamativos carteles.

La zona del puerto dista bastante de la imagen preconcebida por mí de los antiguos navegantes genoveses. Nos encontramos con un gran puerto, moderno y que abre la ciudad al mar. En su bahía se encuentra un famoso acuario y la vista desde allí es la de una ciudad escalonada con edificios renacentistas bien cuidados y algo coloristas. En el puerto también pude disfrutar de la vista de un gran galeón utilizado para filmar no se muy bien qué película de piratas y que fue víctima de mi cámara de fotos...




Perdidos entre sus calles encontramos la entrada a un funicular terrestre que los genoveses de la parte más elevada de la ciudad emplean para llegar a sus casas. Nosotros lo hicimos nuestro para llegar a la parte más alta de la misma, dejando a un lado mi miedo a las alturas. La vista desde allí nos deparó un atardecer ya sin lluvia donde el mar se perdía en el horizonte, las nubes envolvían los verdes montes que teníamos a nuestra espalda y sólo los modernos barcos, los tendidos eléctricos y la cerveza que me estaba tomando nos devolvían al siglo en que estábamos.


Por cierto las fotos que meto aquí como veis no destacan por su calidad. Mi teoría es que para calidad: las postales y para mi las que luego me guste recordar (un recuerdo al fin y al cabo). Si alguien quiere fotos “de verdad” las tendrá (entre todos por aquí tenemos cientos). Ya las veremos...

19 octubre, 2006

Capitulo Tre... o el primer viaje. Destino Mont Blanc

No se si ya había comentado que vivo en un cuarto piso. La leyes de la lógica dicen que siempre que haya un cuarto hay un primero. Pues es en el primero donde sin querer se lió la cosa.
El pasado viernes a eso de las diez de la noche pude ver con asombro cómo entre los cientos de utensilios de cocina con que contamos no había ningún sacacorchos (si espumaderas, si cazos raros, si esa cosa alargada y con pinchos de la que intuyo yo jamás seré capaz de encontrar utilidad... pero no sacacorchos).
No dejé que la adversidad pudiera conmigo y decidí que la mejor opción era pedírselo a un vecino. Tras ver las opciones (el viejo de la puerta de a lado, la vecina cotilla de arriba, los saltimbanquis de más allá...) encontré en el vecino que conocimos días antes del primero como la mejor opción. Se trata de otro piso de estudiantes como el nuestro donde viven seis personas y una de ellas es un chico español.
Llamé al timbre y me abrió una amiga italiana que quedó perpleja con mis gestos para pedir el ya famoso sacacorchos. Entre tanto el vecino español que escuchó el espectáculo salió en mi auxilio (por fin algo de luz, ya me veía abriendo mi recién adquirida botella de tinto denominación de origen del piamonte con una piedra). El caso es que no podía irme de allí sin invitarles a probar ese vino que tanto me había costado abrir y ya no os cuento lo que me había costado llevar hasta casa desde el muy lejano carrefour. El vecino y dos compañeras italianas subieron a casa, abrimos el vino, lo probamos, mostramos nuestra casa y hablamos. Era gente muy agradable que además hablaba mejor el español de lo que yo imito al italiano y nos contaron que a la mañana siguiente tenían organizado un viaje a Vall D’Aosta, en la frontera con Francia, donde se encuentra el famoso Mont Blanc.

No teníamos bocadillos, no conocíamos quién iba pero una cosa era clara... ¿por qué no ir?
Tras cenar habíamos quedado ya para salir a dar una vuelta. Fuimos a ver a una amiga erasmus que se había puesto a trabajar en el bar de moda de los viernes “Lucignolo”. El sitio estuvo bien pero os hablaré el otros capítulos. Con lo que hay que quedarse es con que nos tuvimos que ir a las cinco de la mañana porque “del tirón” habíamos quedado a las cinco y media para nuestro primer viaje... el valle donde está en Mont Blanc.
En total fuimos unas quince personas. Era como una excursión de las Naciones Unidas: había franceses, belgas, una chica de la república checa, otra finlandesa y por supuesto españoles. Toda la gente era muy agradable y se esforzaban por hablar y entenderse contigo (el algunos casos logré coordinar mi escaso italiano). Fue una gran experiencia, muy divertida y que espero repetir.
Tomamos un tren que tras dos horas nos llevó a una estación donde cogimos otro autocar que tras una hora de viaje nos llevó al valle en cuestión.
Empezamos a subir por una ruta marcada en una de las montañas próximas al gran Monte Blanco. Si me conocéis sabréis que lo mío no es el deporte de riesgo así que no os mentiré... eran sendas más o menos inclinadas pero amplias y a modo paseo por el campo. Antes de empezar a subir un arroyo con el agua más clara que yo recuerdo se hacía a un lado para dejarnos paso. Las vistas impresionantes y el aire bien distinto al de la ciudad, nos acompañaron todo el viaje. Entre foto y foto, conversación e intento de conversación llegamos al punto del que yo decidí no pasar a unos dos mil metros de altitud y me quedé con mis compañeras de piso y unos bocadillos adquiridos a precio de mariscada (pese a ser de mozarella) a una gente de habla creo yo que francesa.
Ya de vuelta compartimos bromas, juegos y en la parte final... sueño de lo que había sido mi primer viaje como erasmus e intentaré que mi último sin haber dormido antes.

Lo cierto es que con lo de las fotos se me va... estoy trabajando para mejorar el sistema con un reproductor de fotos pero sigo en ello.
Saludos a todos

18 octubre, 2006

Capitulo Due... o el còmo se organiza la vida en directo


Bueno pues cuando sòlo ha pasado una semana desde que tengo casa, parece que nos hemos adaptado bien (el piso y yo). El piso no me molesta, se mantiene màs o menos limpio y yo tampoco le causo muchas molestias ya que sòlo le piso generalmente para dormir y bien entrada ya la madrugada.
El piso como ya comenté en otro capitulo es muy grande, cuenta con dos baNos, tres habitaciones, un par de terrazas, salòn y cocina. Yo estoy sòlo en una habitaciòn y las otras dos cuentan con dos compaNeras cada una... bueno de momento hay una a media ocupaciòn y estamos haciendo carteles para que alguien se nos una.
Convivo de momento con tres chicas: Patricia desde Segovia, Marta desde Badajoz y Tania desde Vigo. Aqui la gente se conoce por el nombre y se encuadra segun su localidad de origen asi que en ocasiones se parece màs a un concurso de miss o mister espaNa que a otra cosa. Yo he llegado a pensar que lo mejor es salir con la "banda" de mister Valladolid y asi evitar las tipicas preguntas cuando te presentan a alguièn.
El mundo erasmus por lo que he vivido hasta ahora es como una fiesta continua dia si dia no. Hay botellones establecidos por espaNoles en la via publica (aqui no està prohibido) los martes, jueves y sàbados. Entre cada dia, un dia de descando para organizar fiestas alternativas. De momento no creàis que estoy muy activo. He salido sòlo cuatro dias o asi y en uno de ellos se lanzò a por mi un caravinieri para solicitarme de una forma "ruda" que moderara mi lenguaje y sobre todo mi tono de voz. Lo lograron... pero algo me dice que mi forma de ser y las botellas de vino lambrussco de litro y medio haràn que reincida.
Los martes la fiesta erasmus es en un bar llamado "Xo", los jueves en otro llamado "Noise" y los viernes en "Lucignolo". La musica por lo general deja mucho que desear pero seguro que a alguno de vosotros os gusta.
De ir a clase y eso de momento no hablamos, no por no hablar sino porque es de risa. De ocho asiganturas que tengo siete son antes de febrero asi que de desde febrero a junio con una asignatura... voy a tener un estrès!!!! Para mayor esperpento con los profesores con los que he logrado hablar (pocos pero amables) parecen dar por echo en algunos casos que no voy a ir a clase y en otros nos han ofrecido examen oral mezclando espaNol e italiano hablando sobre un producto tipico espaNol (y que luego digan que los toros y el flamenco nbo vende...).
El medio de transporte que utilizo en mi dia a dia para desplazarme es el autobus (llamado pullman) o tranvia (llamado tram). No tienes que pagar al entrar sino que debes sacarte un billete o bono mensual. Hay gupos de revisores que de tres en tres "apatrullan" la ciudad y "crujen" a quièn pillan. Yo de momento me la juego y voy de gratis por la ciudad. Lograrè pasar el curso sin que me multen... cada dia un nuevo aliciente para empezar fuerte la maNana.
Una de mis actividades favoritas es lo que aqui llaman el aperitivo. Consiste en que de siete a diez de a noche en muchos bares con una consumiciòn te ofrecen una especie de buffet de ensaladas, pasta, carne y de todo un poco hasta que te canses. El resto de mis comidas por lo general son en la "mensa" un comedor para estudiantes donde como por dos euros por ser erasmus. Ultimamente me pido a la vez un par de cervezas de un tercio en cada comida por sòlo un euro màs y no descarto en breve pasar por alli en vez de a cenar a por una bandeja llena de birras que sale casi màs barato que el ya famoso botellòn de dia si, dia tambièn.
Pido perdòn por los acentos en sentido contrario y los que faltan ademas de la letra tipica de nuestro pais que se encuentra ausente en los teclados de los ordenadores de este mi nuevo pais de acogida

Os mando unas fotillos para que veàis un poco el ambiente. Estàn sacadas de una web de erasmus que van por los bares dàndolo todo. Niego ser el de la foto de abajo.

PROXIMO CAPITULO: En Breve... Mi primer viaje (empecè fuerte)

09 octubre, 2006

Capítulo Uno... o el cómo empezó la aventura. La primera infidelidad italiana.

Perdón por no haber escrito en nuestro blog antes pero no es fácil conectarme a internet, cada vez está peor esto de la sociedad de la información.
El tres de Octubre llegué al aeropuerto de Barajas, la famosa T4. No es para tanto, la verdad es que me defraudó ver cómo mis maletas subían delante de mis ojos al avión. Ni extravíos, ni pérdidas, ni tan siquiera un pequeño robo enturbiaron la gran emoción que me había reservado Iberia: ante mis ojos decenas de enormes aviones despegaban raudos mientras que para mí (como si de un jeque árabe se tratase) me habían reservado un vuelo especial. Más que avión, avioneta diría yo. Si me levantaba el asiento tocaba con la cabeza el techo (joer... si la culpa es mía por un erguido), el “cuatro latas” lleno a reventar con sus calculo yo veinticinco personas y para rematar por la megafonía nos informaban de las bondades de las anchoas del cantábrico como si de un partido de fútbol se trataba y patrocinaba el evento. Con la media hora de retraso de rigor el “chamizo volador” se posó con la suavidad que caracterizó todo el viaje sobre la pista. Para entonces ya había partes de mi cuerpo que me llegaban a la altura del cuello de la camisa. Un beso a la tierra que creí no volver a pisar cerró el viaje.
Con mi italiano de verbena y la ayuda de Patricia y de una mujer mexicana a la que agradezco su ayuda llegué al hotel. El hotel tenía todas las comodidades de un hotel de tres estrellas y todas las ventajas e inconvenientes que estar situado al lado de la estación ofrece. Todos hemos viajado alguna vez y en las estaciones ya se sabe...
Muy feliz decidí dar una vuelta y mi sorpresa fue mayúscula cuando al regresar al hotel a eso de las diez de la noche vi como el barrio en que estaba mi hotel se encontraba “muy vigilado” por parte de decenas de afroeuropeos que intercambiaban atentos y audaces gestos, conversaciones... y seguramente algo más a juzgar por lo que me han comentado después del barrio en cuestión. En el hotel estuve cuatro noches, cuatro noches en las que evité el tan agitado horario de nueve a once de la noche... en ese horario se trabajaba mucho en ese barrio... y yo estaba de vacaciones.
Ahora va lo de mi primera infidelidad italiana. Los más morbosos os estaréis frotando las manos... no miento. He sido infiel y cuando sólo han transcurrido veinticuatro horas... he adquirido un móvil marca Wind (la marca italiana de móvil para los pobres erasmus como yo). Estoy seguro que volveré a encontrarme con Movistar pero hasta entonces disfrutaré de la aventura italiana.
Lo de buscar piso es la mayor dificultad a la que alguien que llegue a esta bella ciudad de Turín se debe enfrentar. En la búsqueda intereses personales, económicos y recalco económicos de quien debía facilitarme ayuda de anteponían a mi única necesidad: un lugar donde vivir a la agradable temperatura de veinte grados que desde que estoy aquí me acompañan. Podría dedicar un capítulo a esto del piso pero sólo contaré el desenlace: conseguimos que a un empleado de una inmobiliaria, que quería cobrar una comisión abusiva, se le escapara la dirección exacta de un gran piso y empezamos una campaña de puerta a puerta con los vecinos hasta que dimos con... si, con mi piso. Bueno mi piso y el de otras personas. Un piso enorme de ciento treinta metros, muy luminoso donde tengo una habitación de veinticinco metros para mi sólo...
PROXIMO CAPITULO: las primeras amistades y cómo y con quién comparto piso.