murillo DESDE TURIN

¡¡¡¡Bienvenidos a todos!!!! Este espacio pretende llegar a todas aquellas personas que apuestan por mi, que sienten curiosidad por saber lo que se siente viviendo "de nuevas" en otro país si nunca han tenido ocasión como yo hasta este momento de poder hacerlo, que quieran saber cómo estoy o simplemente que no tengan suficiente con la vida en directo que "Gran Hermano" ofrece para criticar a gusto. A todos, a vosotros... gracias por compartir mi experiencia

12 marzo, 2007

Capítulo Tredici... o la vez que descubrí los carnavales. Venezia e Ivrea

Corrían tiempos de excesos pero no corrían por Turín. Esa época a medio camino entre lo curioso y lo festivo que es el carnaval había llegado un año más pero en esta ocasión me había encontrado lejos de casa. Dicen que las fiestas las hacen las gentes, pues los turineses simplemente dejaron pasar la oportunidad. Lo único que recordaba el acontecimiento era la tienda de objetos varios que hay camino del comedor de estudiantes (y que a juzgar por las escasas ventas de disfraces que debió hacer, quizá olvide el próximo año también esa fecha).
De cualquier forma había que hacer algo especial y como limpiar mi habitación no me lo parecía en ese momento acepté de buen grado ese plan de viaje acordado a última hora de la noche para la mañana siguiente... canales de agua, mar, estrechas calles y sobre todo máscaras...era Venezia.
Cuando subí al tren me di cuenta de que no iba a ser un viaje sencillo. Calculo yo que por cada asiento había unos cuatro viajeros, disfrazados ya algunos, y allí estaba yo, tieso como una vela entre la bailadora de flamenco y la princesa árabe (me sentía internamente como “el zorro” pero por fuera no parecía más que un capullo sin asiento). El azar quiso que en algunas paradas algunos de los viajeros abandonaran su asiento (lo abandonaban con rabia no creáis... parecía que la idea de que otro pudiera ocupar su puesto logrado con gran esfuerzo les molestaba y creo yo que alguno estuvo a punto de perder su maleta en el asiento sólo por fastidiar). Logramos asientos y como buenos erasmus los compartimos... un rato tú, otro yo...
No olvidaré nunca la vista de la llegada desde la ventanilla. La vía del tren discurría un buen trecho entre mar y mar como si estuviera flotando en el agua. El sol que nos acompañó en nuestra estancia se reflejaba convirtiendo el azul en plateado y adelantándonos el calor que luego pasaríamos.
Auténticos ríos de gente llenaban las estrechas calles entre canal y canal hasta el punto de que era preciso controladores de tráfico pero no de coches, ni de góndolas sino de personas.
La verdad es que me pareció un gran lugar, de esos a los que te gustaría siempre volver. Caminando a nuestro lado decenas de personas disfrazadas con esos atuendos típicos venecianos, donde por supuesto no faltaban sus tradicionales máscaras, se sentían halagados de que quisiéramos hacernos fotos con ellos... quién era yo para robarles la ocasión de hacerse una foto conmigo.
Llegó la noche y no quisimos perdernos la oportunidad de vivir su fiesta. A pie de canal llegaba el sonido desde los escenarios montados para pinchar música. La gente muy abierta (hasta logré hablar un italiano entendible con una manada de vacas y todo), la fiesta parecía brotar espontánea en cualquier lugar, el ambiente genial. Antes de que amaneciera dejamos a un lado la fiesta y recorrimos todo el centro turístico y aquellas calles abarrotadas por el día estaban entonces solas y mudas (sólo nuestro repertorio de canciones a pulmón lleno recordaban el bullicio).
Seis partimos y seis volvimos. A algunos no nos hubiera importado permanecer allí más tiempo pero no podía ser... otro carnaval nos esperaba. Mi último recuerdo de aquella gran ciudad era una estación repleta de jóvenes durmiendo en el suelo en una estampa más propia de un hospital de campaña en zona de conflicto... seguro que tampoco ninguno de ellos se arrepintió de haber vivido aquella guerra de fiesta.
Tras un día de recuperación marcamos como objetivo conocer un pueblo no muy lejano de Turín llamado Ivrea, famoso por su batalla de naranjas. Al llegar compramos algo rojo para poner en nuestra cabeza (o llevabas algo rojo en la cabeza o podías ser blanco del mayor naranjazo de tu vida). Tras negociar en un puesto me decanté por una cinta de pelo “rollo Bruce Lee” porque pensé que el sombrero de cow-boy no sería cómodo. Aquel era el último día de aquella fiesta . Los desfiles de majoretes y bandas de música se sucedían y entre unos y otros, carruajes tirados por caballos y decorados con los emblemas de cada barrio guerrero discurrían por las calles de barrio a barrio. En cada nueva zona cientos de personas esperaban armados de naranjas la llegada de los carruajes enemigos. Lo cierto es que no se qué equipo ganó aquel año. No sé si lo decidirán por el número de hospitalizados pero yo creo que los grandes perdedores fueron los trabajadores del equipo de limpieza porque yo todavía no he podido limpiar de la suela de mis zapatos aquella pasta de desechos de naranja.
Y fue así como pasé aquellos días, volví al domicilio Artisti (mi casa) y conté naranjas para dormirme (creo que llegué a contar hasta tres porque me venció el sueño). No estaba yo acostumbrado a carnavales tan movidos.

1 Comments:

Blogger Vega said...

Mierda muri, cuando vas a postear todas las visitas, exijo ahora mismo una mención, en el blog de muri, q solo habla de muri, xq murillo esto, xq murillo lo otro... y nada de hablar de las visitas como q solo te fueron a ver a ti, eh? q nos conocemos, no me dejes de lado a la patri q tenemos mas q palabras,jajaja

Pasate x la pagina mundialmente conocida x todos los equipos de Valida q esta vez puede q te lleves una alegria ;)

10:50 a. m.  

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