Capítulo Quattro... o el agua que caía hacia arriba. Génova
Sólo unos días antes en mi viaje a los Alpes tuve claro como os conté que no es bueno viajar sin haber dormido antes. Pues bien, ahora pienso que sólo es peor que viajar sin haber dormido antes, el hacerlo habiendo dormido hora y media.

Salí de mi curso de italiano a las ocho de la tarde. Desde allí y de camino a mi casa pensaba además de en los nombres de los países en italiano (no sé yo si con el curso me soltaré a hablar italiano... pero voy a aprender una de geografía para contestar preguntas del trivial que ya veréis), en aquella noche en la que íbamos a celebrar como buenos erasmus el cumpleaños de nuestra amiga Esther, una “tinerfeña de pro” de la que os hablaré próximamente. Otra idea rondaba también por mi mente: mi próximo viaje, esta vez a la región de Liguria y en concreto a Génova.
Fue una noche muy animada donde gente italiana nos enseñó algunos nuevos lugares y dónde también conocimos a cuatro nuevos compañeros muy agradables llegados desde Valladolid, con ellos ya seremos aquí unos cien mil españoles calculo yo.
Al acabar la celebración decidimos ir a dormir un rato para estar frescos al día siguiente... ¡error! Menos mal que mi nueva afición por el “café marrocchino” (una mezcla de café y chocolate) lograron despertarme.

El tren nos llevó hasta el centro de Génova. Al despertar allí comprobamos cómo una lluvia desatada en algunos momentos y simplemente caladora en otros nos recibía. La expedición en este caso estaba formada por mis compañeras de piso y cuatro integrantes más (en proceso un capítulo de presentación de “erasmus por Italia”).

De cualquier forma el viaje empezó como a mí me gusta... regateando con los vendedores ilegales que abundaban en la puerta de la estación para conseguir unos paraguas que por supuesto no habíamos previsto llevar. Fue una dura negociación. Había dos grupos bien diferenciados de vendedores que luchaban por hacerse con nuestro gran contrato de compra de paraguas, valorado por nuestra parte en seis euros, tres paraguas. Era como un partido de fútbol Túnez – Nigeria. El marcador comenzó empatado a quince euros pero pronto el marcador se fue moviendo hasta que Túnez se llevó el partido al ser el primero en llegar a seis. Lo que no tengo muy claro es si después del “partido” no habría una revuelta entre los jugadores porque los ánimos quedaron encendidos. Tampoco conozco la procedencia de los artículos... pero en fin... ahí estábamos nosotros con nuestros paraguas multicolor.
Génova me pareció una ciudad muy tranquila y acogedora. Su centro histórico se forma con decenas de calles muy estrechas y curvadas que forman un ovillo que se resuelve otras calles más amplias y peatonales también como las primeras.En todas ellas se asientan gran cantidad de comercios y de puestos de intercambio, compra y venta de libros, discos de vinilo, dvd... dando lugar a una mezcla extraña donde la mente pasa de encontrarse inmersa en la Italia renacentista a la época más actual con los más llamativos carteles.La zona del puerto dista bastante de la imagen preconcebida por mí de los antiguos navegantes genoveses. Nos encontramos con un gran puerto, moderno y que abre la ciudad al mar. En su bahía se encuentra un famoso acuario y la vista desde allí es la de una ciudad escalonada con edificios renacentistas bien cuidados y algo coloristas. En el puerto también pude disfrutar de la vista de un gran galeón utilizado para filmar no se muy bien qué película de piratas y que fue víctima de mi cámara de fotos...


Perdidos entre sus calles encontramos la entrada a un funicular terrestre que los genoveses de la parte más elevada de la ciudad emplean para llegar a sus casas. Nosotros lo hicimos nuestro para llegar a la parte más alta de la misma, dejando a un lado mi miedo a las alturas. La vista desde allí nos deparó un atardecer ya sin lluvia donde el mar se perdía en el horizonte, las nubes envolvían los verdes montes que teníamos a nuestra espalda y sólo los modernos barcos, los tendidos eléctricos y la cerveza que me estaba tomando nos devolvían al siglo en que estábamos.

Por cierto las fotos que meto aquí como veis no destacan por su calidad. Mi teoría es que para calidad: las postales y para mi las que luego me guste recordar (un recuerdo al fin y al cabo). Si alguien quiere fotos “de verdad” las tendrá (entre todos por aquí tenemos cientos). Ya las veremos...
vivir en TURIN
TrivialMURI
Sucedió CURIOSO
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