murillo DESDE TURIN

¡¡¡¡Bienvenidos a todos!!!! Este espacio pretende llegar a todas aquellas personas que apuestan por mi, que sienten curiosidad por saber lo que se siente viviendo "de nuevas" en otro país si nunca han tenido ocasión como yo hasta este momento de poder hacerlo, que quieran saber cómo estoy o simplemente que no tengan suficiente con la vida en directo que "Gran Hermano" ofrece para criticar a gusto. A todos, a vosotros... gracias por compartir mi experiencia

19 febrero, 2007

Capítulo Dodici... o la acampada en la moqueta. Edimburgo

Mi reloj, acostumbrado ya al horario británico, no marcaba más allá de las cinco de la tarde cuando llegué a ese país de castillos, whisky y ropa a cuadros que es Escocia. Allí nos esperaba mi amiga Beatriz que durante nuestra estancia nos brindó su casa y lo que es mejor... su compañía.
Edimburgo me pareció una ciudad cómoda y tranquila, en nuestros paseos tan sólo algún borracho con una tonalidad roja en su cara que recordaba a un típico guiri en Benidorm nos alejaba de la sención de frío intenso que caracterizó aquellas noches.
Como buena anfitriona Beatriz fue desvelando las curiosidades más típicas de aquellas tierras (ya estoy estudiando las curiosidades turinesas para no defraudarla cuando me devuelva la visita) y fue llevándonos por esa “ruta mágica” que tenía reservada para las visitas, llenas de anécdotas en su versión más amena.
Resulta que aquella zona guardaba más enigmas de los que yo jamás había pensado que podía tener (mi única gran curiosidad inicial era si realmente allí los hombres llevaban falda... ¿qué creéis?... al final del capítulo os desvelo mis investigaciones).
Una de las primeras cosas que me llamó la atención era el gran número de bancos con una inscripción, sí... de los de sentarse, que estaban distribuídos a lo largo de la ciudad. Parece ser que una tradición escocesa arraígada consiste en que cuando alguién muere, su familia le dedica un banco. No sé, a mí de daba un poco de respeto pero la tradición es la tradición.
Parece ser que muchos escritores encontraron allí su inspiración y pudimos tomarnos unos dulces típicos en el bar dónde según cuentan los rumores la autora de Harry Potter encontró la suya para convertirse, gracias a ella, en una de las personas más ricas del mundo (yo tuve bastante con encontrar la mía para ir al baño... en fin).
Dentro de la ciudad sus edificios, horizontales en su mayoría dejaban paso a otros más llamativos como su catedral, algunos castillos, el palacio de la reina... Ocasionalmente un verde monte situado como por encanto dibujaba un paisaje de contraste.
Desde la cima de unos de ellos pudimos disfrutar de unas vistas que incluían un mar azul que más adelante pudimos ver más de cerca en las playas del cercano pueblo de Portobello.
Nuestro recorrido no paró en ese pueblo. También decidimos visitar la localidad que acoge Rosslyn Chapel, la iglesia que el libro de El Código Da Vinci se encargó de hacer famosa... tan famosa que ha hecho que tengan dinero para restaurarla y por ello no pudimos ver nada pero el viaje hasta allí, sentado en la parte de arriba de esos autobuses biplanta disfrazados en aquel lugar de azul, mereció la pena.
También descubrí la estatua a un perro, no un perro cualquiera, tampoco era Lassie sino alguién mucho más famoso para los escoceses... el perro Bobby... famoso por permanecer en la tumba de su dueño catorce años hasta que murió. Es ahora su tumba la que está siempre acompañada y se ha convertido en todo un icono de fidelidad para ese pueblo seguidor de música de gaitas y bebedor de buen whisky.
Pude visitar algunos de sus museos como La Galería Nacional de Escocia (donde Bea me mostró por qué no se deben mover los cuadros) o el Museo de Ciencia que resultó ser muy interactivo y nos echamos unas risas y donde se encuentra lo que me aseguraron era la auténtica oveja Dolly disecada, que creo yo será detrás del perro Bobby unos de sus animales más famosos.
Cada noche a la vuelta al hogar esa cálida moqueta que noche a noche me hizo crecer unos centímetros estirando mi espalda me esperaba. Recuerdo también esa cena en un antiguo banco convertido ahora en restaurante que nos mostró el ambiente de los jóvenes escoceses dónde pintas de cerveza y hamburguesas combinadas con salsas prefabricadas se unían.
En cuanto al tema de la falda escocesa he de decir que... SI. Hay decenas de tiendas que ofrecen esos cuadros típicos escoceses en forma de falda para satisfacer el gusto de los hombres de aquella tierra. Hay incluso estampados distintos en función del apellido que tengas y son mostrados con orgullo para salir de fiesta y el las ocasiones especiales.
He de decir que me gustó el país pero como todo mi visita tocó a su fin. Me despedí de mi guía, de mi casera, de mi amiga... Adiós "Pitu"... gracias por todo. En Italia me esperaban unos carnavales diferentes.

Capítulo Undici... o el país que conducía por la izquierda. Londres

Ya se habían acabado los exámenes. Era tiempo de volver a la rutina distinta cada día que Turín ofrecía. Pero antes y aprovechando que había tiempo y que Londres era una buena escala para llegar directo desde Valladolid a mi Italia de acogida, decidí conocer aquella región poblada de autobuses de dos plantas, de gente que desayunaba auténticas barbacoas y de cientos de españoles que formaban junto a mí un ejército de “guiris” que mantenía invadida la ciudad.
El viaje fue normal dentro de lo anormal que yo veo que ese aparato de varias toneladas de peso que es el avión se mantenga en el aire... pero en fin. No fue muy dificil encontrarse en el metro ni encontrar el hotel pero una vez allí y como no todo podía salir bien una recepcionista truncó mis esperanzas de deshacerme del equipaje.
Yo le dí mi bono de hotel pero a ella no le pareció gustar mucho y prefería que le dejase mi tarjeta de crédito para hacerme un pequeño cargo de amistad. Además sospecho que lo que yo sabía de inglés se parecía bastante a lo que ella sabía de español... en fin que no cuajó nuestra amistad y llegamos al acuerdo de que sería mejor esperar a una compañera suya española que empezaba el turno media hora después. Cuando ya empazaba a hacer fotos a la recepción del hotel pensando que eso sería lo único que vería de aquella ciudad llegó una joven vestida de recepcionista que pronunció unas palabras que nunca olvidaré: “yo a tí, te concozco”. Sería el destino, el azar, la suerte, pero el caso es que aquella chica me conocía de no sé muy bien qué (amistad de discoteca juvenil supongo) y ella me quería por mi bono y no por mi tarjeta de crédito. Buscó la mejor habitación de hotel (que en Londres no es decir tanto) y por fin pude dejar las maletas... aquello empezaba a funcionar.
Fueron cuatro los días que pasé en Londres y creo que fueron suficientes para comprender que aquella ciudad tenía mucho que ofrecer. Lo peor sin duda fue su comida con supermercados muy parecidos a las tiendas de gominolas de España. Quizá lo que más me llamó la atención fue esa combinación racial donde un hindú atendía la caja del supermercado con su turbante en la cabeza mientras en la cola para pagar intercambiaban bromas personas de raza china, negra, blanca con una normalidad que a mi modo de ver dista bastante de lo que en España nosotros entendemos por integración.
Lo que más me gustó fue ver de cerca esas atracciones turísticas que siempre había visto por televisión, las que salían en mis libros de inglés del colegio y aquellas de las que siempre había oído hablar. El Parlamento con la torre que aloja el Big Ben, la abadía y la catedral de Westmister, esa gran noria que es el London Eye, la fortaleza que aloja las joyas de la corona: Tower of London, ese gran puente que en ocasiones puede abrirse para dejar acceder al Támesis barcos de grandes dimensiones, el British Museum y la National Gallery dos enormes museos que no tuve tiempo para ver enteros, el palacio de Buckinhan con su famoso cambio de guardia... son tantas cosas para ver...
Caminando por sus calles llegamos a Picadilly Circus esa plaza caracterizada por contar con grandes pantallas de televisión publicitarias, Trafalgar Square con la estatua esa del general que partió en dos años atrás la flota española y sus parques sin bancos para sentarse... sólo césped: Hyde Park, Green park...
Tuvimos ocasión también de viajar en la parte de arriba de sus autobuses simplemente por el placer de hacerlo y hacia ningún lugar concreto. Es así como llegamos al barrio de Notting Hill famoso por la película o nos topamos con el famoso centro comercial Harrods que a mi modo de ver es un corte inglés a lo bestia.
El domingo conocí el barrio financiero donde esta la bolsa y los edificios más modernistas de la ciudad, era un barrio muerto que revivía los días de diario cuando llegaban los cientos de miles de empleados que tenían su puesto en aquellas elevadas costrucciones de paredes de cristal.
Para llegar de un lugar a otro el metro, con galerías suterráneas excavadas a distintos niveles de altura para cada línea, resultó ser el más rápido medio de transporte. Llegué casi a aprenderme su mapa de memoria.
Fueron cuatro días intensos y me fui con la sensación de que podría haber estado otros tantos perdido en sus bulliciosas calles sin embargo la suerte estaba echada... otro avión me esperaba para llevarme a un nuevo destino... Edimburgo

07 febrero, 2007

Capítulo Dieci... o el volver a empezar. Olimpiadas Universitarias

Hace mucho tiempo que no había mucho movimiento por este blog. Eso se ha terminado... vuelvo y creo que con más fuerzas.
Son muchas las cosas que he vivido desde el último capítulo. Visité de nuevo a ciudad de Milán con su catedral en obras y esas tiendas con escaparates que muestran precios que más que precios parecen el bote del "euromillón". Antes de navidades hice exámenes... después de navidades hice exámenes... En esos períodos de tiempo mi vida social se redujo considerablemente a la par que también lo hacía el nivel de concentración en el estudio. Yo culpo al agua de mi casa, rica en cal, pero seguro que el ambiente de la ciudad con las olimpiadas universitarias que se han celebrado en enero en Turín han contribuído a esa dificultad de concentración. Durante diez días noche tras noche se sucedían conciertos de grupos parece ser que muy conocidos en Italia en la mayor plaza de la ciudad con un gran escenario y mejor sonido. El fin de la olimpiada se escenificó con un espactáculo de fuegos artificiales en una noche que de por sí era especial: "la noche blanca", una noche en la que Turín estuvo más viva de lo que yo la había visto nunca. Los comercios y los museos abiertos hasta la madrugada, la gente tomaba en masa la calle donde artistas y música se sucedían zona a zona